martedì, ottobre 06, 2009

Goodbye my friend



Y quedó regado, tirado sobre la puta mesa, sus entrañas cobijadas bajo su mierda, mientras, los perros comiendo de la misma feca reían como hienas entre amigos de los pobres muertos de aquella buena cena.

Que sabroso es comerse a un ser conocido, que rico es tener entre tus dientes la carne del odiado, del amado, del detestado y del desangrado.

Nunca tendremos otra cena así -murmuraban- jamás otra vez, nunca jamás una carne tan sana -vociferaban- Por favor, coman, coman, coman -alegaban-

Vomitando corrí de aquel lecho de muerte hacia cualquier parte que quisiera refugiarme de mi propio asesinato...

lunedì, luglio 06, 2009

Perfecto


Un día que no recuerdo pasó por mi cabeza…

Era algo moreno, negro, oscuro, cálido, ambiguo, casi mío…

No me gustaba su olor, tal vez, era mío pero no me gustaba su forma..

No lo quería por su tamaño, ni por su textura, sino porque era mío, sólo porque pensaba que era mío…

Por la tarde, lo desconocí, ese día, sí, ese día que no recuerdo bien cual era…

Estábamos besándonos en medio de la nada, eran las cuatro de la vida y yo no quería dejar de respirar…

De repente, sentí un llamado, un sentir que no sé cómo abordó mi laringe para gritar: No quiero más…

Fue un momento inmenso, negro, cálido, suave, entrecortado y casi nuestro…

Sabía que no lo entenderías, nadie lo hace, casi lo hago a diario…

No me gusta tu color, tal vez, pensé que éramos perfectos, pero, lo siento, me he engañado sin preverlo…

Cada momento se desvanece en mi memoria, en nosotros…

Las sábanas pintadas tocan mi hombro, levemente, quiero abandonarte pero al cerrar los ojos lo mío vuelve a ser tuyo y lo tuyo se pierde entre las formas de uno…

Una noche conocí una canción, lenta, sudorosa, dolida y llena de cicatrices…

No quería mirarme, no quería…hasta que le dije mi nombre…

Sus ojos eran como los míos,

Su pelo era oscuro como el mío,

Su corazón era cálido como el mío,

Sus manos grandes como ellas mismas,

Su espalda larga como tal cuchillo,

Su boca tibia como lágrima invadida,

No quería mirarme, no quería…hasta que le dije que, tal vez, la vida me dolía…

No pretendo perdonar a nadie,

Excusarme de mis malos hechos tampoco,

Ni bailar por entre las letras,

Sólo quiero sacarme la coraza social,

La ética y la escupida religión para perdonar a la educación por lo que me ha hecho…

Una noche, corrí a verlo…

Tenía el pelo ondulado como él,

Sus manos estaban cálidas como un vientre materno,

Su sonrisa me golpeaba la culpa por decirle que nunca más,

Una noche corrí, corrí a ver mientras mis deseos morían en el afán de lo imposible…

Nadie me conoce, nadie

Por eso nadie los quiere, algunos

Porque algunos somos muchos, ordinarios

Ordinarios somos más, siempre

Cayendo entre los escombros que siempre recogemos como amigos…

¿acéptame?

¿yo?

Sí.

No puedo.

Soy demasiado perfecta para pensar en los universos ajenos, el mío es infinito y primaveral.

Discúlpame, perdóname, pongo mi mejilla, pégame, por favor, humíllame, dime que soy una basura, dime que me perdonas, dime que no valgo nada, dime que me quieres, dime que me…

¿Me puedo retirar?

Claro…

Pero, antes ¿puedo pedirte un favor?

Claro, el que gustes cariño…

Cierra la puerta…

martedì, giugno 30, 2009

im just a girl


Un sentimiento que embarga toma mi garganta mientras escucho algunos pedazos de tu ropa.

La piel, helada se me aprieta mientras mis entrañas respiran, mis ojos trizados miran unas manos rojas y mi ventana húmeda deja caer rocío sobre el jardín. No lo puedo creer.

Las mañanas serán como todos los días. Sonará mi celular, y no me levantaré sino hasta 10 minutos después. Abriré la ducha un minuto antes de entrar. Daré vueltas por la casa, tratando de no olvidar nada.

Trato de no sentir lo absurdo. Tengo pena, una mediada pena, atravesada por los recuerdos que cada melodía enrolla con sus notas. Intento llorar, pero a la vez no quiero. No sé nada de ti, no te conozco, pero no sabes como me duele q no estés.

Sé que todo es igual que ayer. Tomo mi té matutino aprisa. Salgo corriendo de la casa con, tal vez, un calcetín de un color diferente al otro. El metro es la misma porquería.

Las canciones no tienen sentido. Un ritmo rápido logra arrollar mis pulmones, tus movimientos y formas me invaden de una tremenda pena. No puedo creer que sólo haya salido uno en tantos billones. Uno que admiré, uno que quise sin querer, pues es un sentimiento infantil y fantasioso, que, lamentablemente, enmudece mi garganta y derrama mis letras.

¿Cómo estás?

Helado, abandonado, amado, idealizado, muerto, valorado, silencioso, incógnito, bajo piel, sobre la tierra, intransferible, decolorándote, destrozado, irresistible, monstruoso, violado, detestado, elevado, irreal y por fin tranquilo.

¿Cómo están?

Hablando, riendo, gozando, mintiendo, homenajeando, escupiendo, llorando, bailando, recordando, observando, esperando, vacíos, sin medida, ansiosos, envidiando, sin dinero, celosos y con vida.

Volando por la atmosfera las ondas llegan a las emisoras esperando encontrar el momento correcto para aterrizar sobre un puerto perfecto.

Caminando por Santiago, una que otra de tus canciones me acompaña, está lloviendo hace algunos días, casi, casi, desde que lo supe. Debo admitir que me gusta la lluvia, sin embargo, asumo que me agobia no poder bajar alguna nueva canción tuya.

sinceramente...

mercoledì, aprile 08, 2009

Soy una mala costumbre


Tengo una cosa llamada cabeza que a presión se queda en su lugar, a presión responde, grita, a presión trastorna, a presión solloza.

Fría en su cubículo la señorita sonríe, aprieta los brazos, mira a su alrededor, jadea de frío. Tal vez debería tomar ese remedio que le recomendó Eliana. El teléfono no suena.

M: Señorita…Señorita… podría comunicarme otra vez por favor…

M2: Claro, espere en línea hasta que le de la señal…

Sus uñas rosadas se estremecen, su mano izquierda aprieta el relicario, su bolso bambolea sobre sus caderas, mientras, ella inquieta se acomoda una y otra vez sobre el asiento.

M2: Está en línea…

La guía de teléfonos negra y gigantesca se abre ante la impaciencia de la cabina. Hojea un poco. Ondula su pelo con el índice derecho. Su corazón se impacienta. Se le aprietan sus deseos sobre la madera. La garganta se abre sin sentido hacia el vacío. El estómago despedazado por dentro se duerme. Las manos pierden sentido del ritmo.

M: Gr…acia...s…

M2: No hay por qué. Que tenga un buen día.

Los puntos pequeños del abrigo salen con ella del lugar. Los lunares van abriendo el frío corazón de la silenciosa mujer. Los paraguas bailan sobre algunas manos. Gorros frenéticos se van de sus cabezas hasta el agua. Los negros tacos de la fría dama se hunden mientras caminando va otra vez.

M2: Quisiera cualquier cosa. Fumaría un cigarro. Otra vez lo mismo… Fumaría un papel de diario. Me fumaría la vida…

El viento se levanta un poco. Su vestido gris muestra un pálido tobillo. Algunas chaquetas la miran. Las bocinas le gritan amores. Recuerdos entre invierno se asoman por su espalda. Los cigarros de la esquina la llaman a caminar por ellos.

M2: Hola, me da unos de esos…

V: Claro linda…

Se va en dirección a la Plaza Ecuador. No tiene planes para esta tarde. El almuerzo jamás se cocinó. La cama aún tibia la espera con tranquilidad perfecta. El baño humeante de su ausencia se resbala entre sí mismo. La caminata la aleja de la casa, mientras la casa la llama con locura.

Un par de minutos transcurren. Enciende el cigarro. Baja la capa de su lunareado abrigo. El humo la acompaña…

H: Hola…

M: Qué tal…

H: ¿Cómo has estado?

M: Muy bien...

H: Sabes mi respuesta…

M: ¿Por qué me saludas?

H: A veces te extraño …

M: No es mi culpa…

H: ¿Qué pasa? Mírame

Te veo mal ¿Es por mí?

No seas cobarde, vuelve…

M: Déjame, estoy fumando, sola.

Vine a este parque no por ti, vine por mí. Sola aquí, terminándome un cigarro. Que rico está este cigarrillo, no tiene filtro...

No estoy de ánimo, para esto...

H: Piensa en mí un poco. Todo lo que di...lo que represento. Sabes que puedo hacer de ti la mujer más feliz de todas...

M: No. Sólo me fumo un cigarro. Te quiero.

Por favor, déjame sola…


La lluvia se levanta


H: ¡TE ARREPENTIRÁS!

Siempre supe que eras una cualquiera, una zorra... ZORRA, una puta, PUTA, maldita puta, mal nacida…

El cigarro se acaba. La lluvia comienza a soplar sobre su cabeza. Algo salado baja por sus mejillas. En invierno. No tiene dinero para viajar. No tienes amigos para acompañar. No tienes hijos a los que cuidar. No tienes mascota, madre, hermanos ni razón para esperar la cena.


M: Yo quería que me respondieras…
hoy…nunca más… lo haré...sólo un cigarro conmigo... mañana habrá otro.... pasado cualquiera que sea parecido, café, negro, rojo... la semana siguiente, esa semana uno que pueda ser fumado…en unos meses aceptaré colillas frías, mojadas, escupidas… el año próximo, esos cuatro en veinte años que sólo querré a cualquier cosa que pueda meterme a la boca…


domenica, aprile 05, 2009

Positivo



No me conoces. Te llamo. La almohada nos aconseja. No nos hablamos. Espero un poco. Desesperados nos ponen las mañanas. Dormimos separados. Comemos dormidos. La temperatura nos abre los ojos. Me llamas. Amarillo, celeste y gris. El vapor nos inunda. El reloj nos apresura. No sé si lo quiero. El metro está lleno. Las calles amarillas. Las escaleras son veinte. Andas apurado. No sobrevives a las emociones. Los ciegos te aconsejan. No quiero comer. No respiro. Quieres comer. Bailando proteges tu mente. Tal vez sea el destino que me hace recordar que lo que vive no es más que mi árbol. Quizás sea la vida la que te ha abandonado de tanto cariño. He dejado regando algunos problemas a cambio de tu compañía. No nos ha servido de mucho la distancia ni el desapego. Deseo que no mueras mañana. Los celos y las inconsistencias siempre serán mis confidentes. Te dejo esta carta sin cellar, no quiero discutir ni tampoco quiero que me quieras. Esto es para ti y nunca será para tú nombre. Ámame, yo no sé hacerlo bien. No tengo apellido, punto ni final. No tienes silencio, sombras ni corazón. Quiero dejar de pensar en que la vida tiene un sentido y que no puedo contener lo que ello significa estando fuera de tu puerta. Todo esta lleno de basura. No te conozco. La mañana te mira, las calles, la luna y mis campanas soleadas. No quiero, no quiero nada. No puedes saber de mí. Los días van pasando. No te conozco nada.

domenica, marzo 29, 2009

koner-Rec

tengo la cabeza deshuezada. Se derrite... mariposas en mis ojos que no me dejan mirar... Grito. Lloro. Mis amigos se mueren. Extraño a mis leales sueños. Mienten a diario todos. Yo también me perdono. Entregaría más... pero no tengo nada. Ojos hinchados sin reír. Oídos sin correr. No tengo tiempo para extrañar a los extraños. Pienso en ella. Tengo dolor en mi cabello. Nunca supe si eras tú. Mi foto no es nada mío. Imagenes de mierda. Te amo a mi manera. Desconocido poema. No les creo siempre. Nunca podré mañana creerte. Me contradigo sino contesto. No quiero pensar. No puedo sentir. Necesito un cigarro fuera de mi mundo. No quiero entenderlos. No están. Matenlos. Derecho está el salvavidas. Si dejo de pensar me muero. Deja de creer y vive. no puedo terminar lo que escribo. mañana no quiero levantarme.
señorita coherente ¡sin relación de palabras?
So

venerdì, gennaio 02, 2009

un año nuevo

Se fue el año, otro más que se nos va sin dimensionarlo mucho…

Un estrepitoso dos mil ocho, no quisiera repetirlo, no quisiera recordar el tiempo que ha pasado…pero lo hago, sin querer, a mi manera.

No culpo a las estrellas, ni a la vida, política, estaciones o a la sociedad, sólo fue un mal año…

Me palmo la espalda pensando en que mañana será dosmilnuevecito, pero no logro contenerme, pienso en estupideces, caigo en dilemas inexplicables, canciones melancólicas, pesadumbres... es que soy tan sentimental, impulsiva. Creo que lloro un poco…

Lloro hoy sin ser un cuento, un poema o un personaje, abro mi pequeña humanidad y la compadezco por no entender su procedencia y me expreso tal como lo pienso…

¿Cómo es posible sentirse tan oscuro?

¿Cómo es posible lograr romper los círculos viciosos?

¿Cómo hago para que me salven?

¿Cómo la detengo?

¿Cómo confío?

¿Cómo amar?

¿Cómo ser amado?

¿Cómo olvidarme?

! Cómo ¡ ! Cómo ¡! Cómo ¡

Mala suerte…

...Nada me sirve, ni siquiera pensar que se ha ido el 2009 me sirve de algo…

Porque camino por partes erradas, escucho lo que no debería oír, beso a personas equivocadas, amo sin sentido y, lo peor de todo, es que las hermosas cosas que puedo hacer no las puedo vivir… Mas ojalá dos mil nuevecito sea mejor, ya que, si mi vida sigue con el curso que ha tomado estos últimos dos años, desearía nunca volver a cumplir más… más momentos como los que han pasado…

eso deseo...

lunedì, dicembre 15, 2008

Contando

No me importa contar esos registros que jamás veré de frente.
Ya los he matado, los quité, dejé abandonados desde mi, por mí y para siempre.
Ya no tengo siquiera un contador de letras, de ánimos, amigos, contador de días, horas, centímetros, pasos, abrazos, bofetadas, golpes, rasguños, caricias, besos, asaltos, miedos, llantos, malhumores, pues todos los he botado lejos de la importancia.

Y todo esto porque no quiero ver tres mil, ni mil, diez o cinco numeros que indiquen las veces que cualquiera hace click para descubrir lo que no está. Nadie al entrar a cualquier parte verá algo real, forme, concreto, en mi caso, una mujer u hombre desfigurado y armado desde la imaginación de cualquiera pensará que estoy completamente desquiciada o tal vez no entenderán el sentido de mis ideas, pero indiscutiblemente me verán, sea como sea, verán lo que quieran ver de mí.

Las palabras no son más que conjeturas y, lamentablemente, nada es real aunque con sangre lo escriba quien lo escriba. Yo no puedo probar que soy una mujer si escribo como hombre, no puedo probar que soy un hombre si escribo como mujer. No puedo ser yo si nadie sabe quien soy yo, no puedo contar lo que incontable no importa, agradecer por lo que hace un mouse lejos de tu interés.

¿Quiénes serán?
dos veces entrarán mis amigos,
cuatro ingresaran los mirones,
diez los enamorados,
nueve mis hermanos,
veintinueve veces entrará la publicidad no deseada,
cuarenta ingresarán por equivocación,
cinco por obligación,
nueve por curiosos,
treinta por morbo,
unas cien veces entrarán mis enemigos,
otras cien mis más cercanos amigos,
cero veces los que admiro,
menos cinco los que ya se han ido...

Los números pueden alimentar a cualquiera que desee ser feliz con atención, mas la atención equivocada no sé si satisfaga a quien escriba por deporte o por amor a la expresión. Mas aseguro que el amor por cualquier cosa no se cuenta con las visitas, ni se enriqueserá con los amigos que te palmen la espalda mientras tratan de terminar de leerte rapido.

Quisiera un contador de ideas, un descifrador de miedos, un detector de fantasmas y un poco de tranquilidad antes de escribir un par de lineas amorfas en un blog que ni siquiera me gusta del todo.

martedì, settembre 02, 2008


Me siento, me río, sentada pienso que no quiero vivir,

Me siento y pienso que río,

Sentada imagino que lloro,

Sentada como, sentada aplaudo, sentada toco una guitarra…

Sentada suspiro, escribo, sollozo, comento,

Sentada enfrente del mundo, sentada sin hacer nada me siento.

Violines, panderetas, cuerdas y flautas gritan por mi culpa,

Sentada los escucho y los aplaudo,

Sentada no comprendo sus sonidos, sentada estoy como si nada y sobre todo conmocionada por mi misma.

Sentada enfrente de todos, sentada.

No me gusta sentir, creo que ya lo había dicho,

Quisiera lloverme por largas horas, ahogar con mi energía todo y evitar que mañana sigamos llorando.

Suspiro la vida, suspiro mi casa, suspiro al humo que no me gusta sentir, cuando camino por las calles de cualquier lugar, cigarros por doquier, cigarros que no pido, cigarrillos que me acosan sin quererlos tener. Son como un llanto, como un problema, como la vida, están ahí enfrente mío sin desearlo, como la rutina, como los períodos fríos, como el hambre, como las pesadillas, el humo me persigue en todas sus maneras sin quererlo y a cualquier hora.

Sentada llega el humo, un hombre, un caballero, una señorita preguntando la hora, un niño sonriendo, un anciano enfurecido, yo, suspirándolo todo, suspiro porque no entiendo que sucede, porque nunca entiendo nada.

domenica, agosto 03, 2008

Nueve Libros para el que lee

Releyendo las noticias, recordando a mi profesor Camilo, suspiro mientras escucho los sonidos melancólicos que por la nocturna me acompañan al meditar. Pienso en el gobierno, tengo que pensar en él, escucho los programas que desde mi “living room” resuenan por el pasillo de la casa, pienso en las políticas de protección social para familias de bajos ingresos de nuestro país y, aunque trato de comprender, pensado y pensándolo, sigo sin entenderlos.

Durante mi infancia, y desde siempre, en mi familia los libros han sido importantes, mi abuelo materno siempre ha sido un asiduo lector de filosofía y política, por otro lado, mi padre tenía la misma inclinación por la literatura dialéctica. Por tanto, en mi casa siempre hubo muchos libros, ediciones de hojas livianas, pesadas, de tapas gruesas, rojas y/o azules. Por ello, se me hace inevitable regresar a la realidad y pensar en la iniciativa que el gobierno está impulsando. Se me hace imposible creer que “estos regalos” son regalos sin posibilidad de cambio, sin boleta ni opción de elegir, más aún, sin autores por tincada o recomendación, restringidos como siempre a que los pobres lean todos lo mismo. Nueve libros, nueve en todos los hogares y sin posibilidad de reclamo.

Intento imaginarme pequeña, viviendo en otra infancia, otra realidad, tal vez, con muchos hermanos, sin padre o madre, sin comida, mirando desde mi diminuto ser hacia algún estante empolvado, observando mesitas de mimbre en las que algunos libros reposan, mientras, mi madre trata de cuidarlos de mis fieras manos de niña...

...pero no, es imposible, imposible pensar tan perfecto, entender tal ayuda y sentir felicidad por aquellas familias, aunque, aclaro, siempre son bienvenidos los regalos, mas es insuficiente un maletín con nueve libros para hacer entender a lectores sin costumbre el “por qué” de leerlos. Hacerlos pensar que ese maletín, realmente, hará la diferencia en sus vidas. Por esto, meditar aquel regalo me hiere un poco, me hiere al sentir que mi país no quiere ser más que un país controlador y no un país elegido, porque, como ya mencioné, ni siquiera los beneficiados pueden elegir a los autores, color o dificultad léxica deseada para leer los libros d ese pequeño maletín, por ello siento, más aún, que no tan sólo los pobres son pobres, sino que toda nuestra fuerza lo es, ya que nadie hace algo en contra de este “regalo hermoso” , nuestro gobierno, a nadie le interesa.

Las migajas nunca serán suficiente par todos

Sin embargo, esas migajas tienen en su “maletín” a Gabriela Mistral o a Pablo Neruda, quienes, sé, hubiesen querido que, no sólo se leyesen sus escritos como maquinas "blabla", sino, que, como ya alguna compañera de clases dijo: “que se lea enseñándoles por qué lo leen”. Pero es pedir demasiado y, tal vez, esa búsqueda del ser enseñados estaría abrazada con la LGE, claro, el maletín es un complemento educativo para todas las familias pobres de mi país. Pero, sinceramente, no lo creo y, aclaro, es un chiste lo mencionado.

Cuando hablo de pobreza, no me refiero exactamente al dinero, ni a la mugre o mierda de algún baño público, me refiero a esa carencia del espíritu, esa que los políticos de ciertos países practican. Por eso es que cuando me imagino a 1400 familias pobres de nuestro estrecho y largo país recibiendo nueve libros por hogar, no vislumbro cómo en nueve libros podríamos entregar algo de cultura y nutrir correctamente a esas familias para que surjan.

Por eso es que hoy, mientras viajaba a mi casa, pensaba que todo esto sería diferente en un comunista sin restricciones internacionales. Sé que es, quizás, para algunos ridículo decirlo, leerlo u oírlo, pero, ciertamente, pasó. Pensé en la historia de mi viaje, el micrero era un vecino que usaba un gran transporte y que los que viajaban conmigo en ese momento lo hacían porque el vecino aventaba a cualquiera que le sirviera el tramo. Luego, imaginé que mi ropa había sido un canje por ropa de otro y que mis zapatos los había sacado de una bodega enorme junto a miles de pares de otros zapatos. Luego, pensé en mi familia, en sus trabajos, en que los centros públicos eran “públicos” y que sus trabajadores eran remunerados con lo que la gente entregara por sus servicios, en este caso con carne de vaca, pollo, legumbres, tomates, huevos, etc. Y así, seguí pensando hasta que cayó el sueño, llegué a mi casa y recordé que tenía hambre, que había perdido mi pase escolar y que si el micrero no me hubiese reconocido no hubiese podido llegar a mi casa por 300 pesos. Que comunista.

Si bien sé que lo anterior para algunos no parece acercarse al tema del “Maletín Literario”, mas, para mí va sumamente unido. Es esa relación de pobreza de alma de nuestros dirigentes políticos, la carencia de valentía, la apatía y la conformidad de nuestra gente lo que todo relacionan y que convierten a esas 1400 familias de maletines literarios pro solidaridad en una burla de nuestra “cultura”.

Yo no creo en la LGE, ni en el Plan Auge, no creo en los Fondos Mutuos, no creo ya ni en el subsidio habitacional y no creo en el voto aunque sea ciudadana. Por todos esos sumados “no creo” trato de pensar como si a mí me regalasen aquel maletín y siento que si fuera así creería en aquella maleta, que no es maleta ni maletín, y que realmente mi gobierno me ama y me respeta. Mas sé que son una pila de libros recolectados para gente que “regalada” con poco se siente feliz y considerada, gente que aceptaría un cintillo o una piedra pintada, mientras sea regalado todos felices.

Es imposible que exista una crítica real a esta iniciativa, primero porque los pobres no van a criticar el caballito regalado y por otro lado, los que no son tomados dentro de esas 1400 familias de escasos recursos no están interesados en pelear por las batallas de otros. Por ejemplo, jamás un burgués, un empresario, un empleado público, léase, médico, abogado, profesor, matrona, etc., va a debatir si quiera esto, porque no está en su realidad ni tampoco lo estará algún día, por tanto, no es tema. Por ende, el gobierno siempre podrá seguir sus impulsos de “mejora” sin mejorar nada, porque a nadie de la “media chilensis” le importa si sirve o no lo que se está implementando. Como diría un chileno cualquiera, literalmente: Nueve libros para el que lee es un pico pa’l que lee.

¿Qué pasaría si nosotros, los universitarios, paráramos nuestras faenas escolares por maletines, desayunos, ollas comunes de mala repartija en pos de conseguir mejoras para con ellas?

Nada.

Porque nada de nuestras manifestaciones será barricada, tanque o armada para los que reparten las migajas de las ganancias de nuestro Chile. El sólo hecho de pensarlo me avergüenza. En nuestro país siguen las diferencias, las creencias de que siendo rubio eres bonito, pensando que debes vivir locamente y gastarlo todo para saber lo que es vivir o sino eres un nerd rechazado, que debes vivir en tal y tal parte, usar tal y tal ropa, jugar tal y tales modos para reír, tantas fruslerías, tantas que hacen algo ingente y real como una cultura basada en ello, alimentada en el egocentrismo, individualismo y la inutilidad de todo. Inutilidad del aprendizaje del pobre, de la superación del hambre y de la ignorancia, porque todo se vota, se agota con 50% de descuento o por remate, porque todos somos nada y nadie es indispensable, a nadie le importa enseñarle al pobre, ni que el pobre nos enseñe como no ser tan miserables teniendo dinero.

¿Y qué importa si he de vivir pensando en ser útil sin servir a propósitos narcisistas?

Todos somos importantes, todos absolutamente todos debemos creer que somos nuestro centro y ayudar por tanto a todos porque juntos hacemos una fuerza gigante e indestructible, esa fuerza que se sujetará en la vida del que perece mortal por sobre la nueva enseñanza de ayudar al igual, al hombre, la mujer, al humano, al animal, al insano que quiere ser individual y tanto necesita de todos para saberse importante. Por eso, me rehúso a pensar que la pobreza será erradicada sin enseñar, sin mostrar que todos somos uno y que uno no es nadie. Por esto, nuestros políticos no hacen política pues, evidentemente, sólo nos corderizan y, les daré crédito, lo hacen bastante bien.

Quisiera creer que no es malo servir a la nación, querer a nuestra patria, ayudar a los desvalidos, alimentar al hambriento, enseñar al ignorante, lavar al inmundo, aprender del grosero, enseñar a llorar al impávido, practicar la maternidad sin ser madre, ser hermana sin haber venido del mismo vientre, ser profesor todos los días sin esperar que me paguen por serlo, esperando del resto lo mismo que yo entrego, como una especie de efecto en cadena, ser un real político en cadena de favores, cual película gringa, aunque sin desear un oscar ni una estrella en el camino. Por ello creo que si se puede abrir el maletín mental de muchos, de esos que abrigan esperanzas reales y que desean convertir esos nueve libros en mil, dos y cuatro mil en un intercambio ingente de enseñanzas, intentando eliminar a ese círculo de maletas que, en la realidad, nueve, ocho, siente, seis…dos, una veces serán leídos por cada casa pobre que sea “beneficiada” en mi país.

lunedì, giugno 16, 2008

La vida me complica



La gente camina de frente intentando no ser vista.

Desapercibidos otros intentan colarse entre las atenciones de la masa, para lograr que esta no absorba a la realidad.

Por todo eso tengo miedo, el amor es una basura, todo lo que amo duele y mientras amo más complicado se vuelve.

Amo cantar, amo hacer música, pero siempre hay algo que lo detiene.

No tengo forma de grabar, tengo que ir de una pieza a otra para guardar la música, mis micrófonos son malos, no tengo un buen programa, ni tarjeta de sonido. Vivo ofuscada. Abro la boca y salen notas por doquier, nadie me escucha, sólo quieren matarme. Intento componer y nada sirve ni gusta.

Ando errática por mi vida, a veces miro las caras del resto, fisgoneo cosas, leo artículos que no me competen y veo imágenes absurdas para sentirme mejor. Porque, mientras más estúpida soy, más feliz podré sentirme.

Mas, es imposible retroceder, tu cabeza concibe nuevas cosas, el mundo se hace cada vez más tétrico, lúgubre y un tanto asfixiante. La marea de gente ya no te convence y tus libros ya no sirven como antes. La televisión miente todo el tiempo, la radio promete y no ayuda. Los comerciales me maltratan con sus hermosas cosas y yo, no tengo nada para comercializar, porque aún no me quiero vender...

¡Mierda!

Quiero ser estúpida ¡Quiero ser estúpida! anularía mi blog por pensar en colores rosados y verdes claros. Por pensar que los asesinatos son cosa del pasado, que la vida siempre será justa, que soy buena y noble, que la lealtad es de verdad...

No obstante, quiero rescatar a mi credulidad de todo esto y decir que aunque quiera ser estúpida la credulidad no es una con ella, por tanto, mis peticiones ante el deseo de ser una mujer imbécil son aún reales, dejando en claro que soy crédula pero no por esto estúpida. Así, por todo ello, quiero, de verdad, lean y me regalen la estupidez, porfavor, pues mi credulidad aún aguarda sus regalos cálidos para que esta simple mujer logre ser estúpida de una buena vez.

¡Por la misma puta!

Perdón, quise decir: Reputa, putita, putona, hueona, mamona, tarada, melómana, maníaca, nerviosa, llorante, delirosa, estupefactistica, retoscadente, nutririnocerosa, ambilatente, pusilántropa. Tarada.

Los garabatos me salvan de llorar.

Aunque llorar no es malo.


¿Y si soy débil?

Débil para dograrme,

Debil para decir sí,

Débil para prostituirme,

Débil para matar,

Débil para mentir, manipular,

Débil entre los débiles que jamás perdonan,

porque perdonar es mucho peor que ser lo que somos.


Doy pasos en la vida con el rostro al descubierto,
mas no sirve que la gente sepa dónde encontrarme si siempre dicen mentiras.

Doy pasos vestida, colores fuertes amarran mis pasos santiaguinos, en tanto,
oscura vomito entre ideas disconformes y esta repugnante vida de consciente.

Yo: No tengo dinero, propiedad, descendientes, nada y, aún así, tengo esta cabeza que me cuenta que: “si sigues pensando, morirás”

5

4

3

2

1

Moriré caminando entre la gente,

Odiaré a la gente,

Maldeciré al smog, a la bebida,

al centro, a los autos.

Moriré en mis opiniones cada vez que los demás encuentren extrañeza en ellas,

Moriré porque no tengo nada mío, porque la libertad es una tontería,

Porque estoy cansada de llevarla a cuestas sin que sirva…

Moriré porque no aguanto más,

Moriré porque decido que la estupidez nunca volverá,

Porque soy una mujer crédula, pero demasiado realista.

Estoy condenada a seguir deseando a la estupidez,

Pues creo en ella, por sobre toda la paz de la tierra, hasta el fin de todos nuestros tiempos.

Amén

martedì, giugno 10, 2008

Hace un tiempo que el corazón no existe,

Que las distancias entre la diferencia y la similitud no están...

Yo no amo, por temor, yo no quiero amar sin algo a cambio.

Yo, no amo por temor, yo no, quiero amar sin algo a cambio.

Soy un ser humano y nunca un Cristo, por eso mi alma sigue queriendo y reclama por las migas de lo que recibe, quisiera...

Quisiera apagarme unos años, despertar en otro lugar,

Quisiera apagarme, unos años despertar en otro lugar,

Desaparecer de la memoria e ingerir otra sana.

Odio lo que me ha significado entregar,

Recibo engaño, recibo mierda, recibo cargas y, aún así, sigo queriendo al maldito mundo.

Más de lo que no quiero y menos de lo que necesito.

Estoy decepcionada, herida, maltratada, con un nudo en la garganta opresor, maldito y desgraciado.

Quisiera apagar este canal, prenderlo hacia la estratosfera, dejar de creer en la magia de las cosas simples, de abrumarme por lo complejo de la vida.

No tengo razón para estar triste, feliz, tranquila o nerviosa, no hay razón para levantarse, para dormir, comer, crear, no hay razón para nadie porque de nada sirve pensar sobre lo que no se puede cambiar y sin razones no sé como querer.

He amado en sueños, he tenido amor sin mirarlo de frente, he llorado a diario, he maldicho a minutos, pero nunca me he sentido completa, a pesar de haberlo soñado, me cuesta digerirlo pues despertando no me sirve.

Tengo algunos años sobre la tierra y de nada me sirve pensar, ser mujer, querer e intentar mejorar, siempre caigo sobre el pavimento, matando a cualquiera que no vea, a veces, inclusive a mí.

Hoy, no tengo huellas, soy un ser solo sobre la tierra, un ser que usa amarras temporales que no la sujetan ni logran mantener a la gravedad de la tierra cerca de sí...

Todo se pierde, me pierdo…

No es justo que la justicia no exista,

Odio, odio mi direccionalidad,

Odio a la tierra, agua, siempre me odio sólo a mí.

¿De qué me ha servido tener este corazón maldito si maldita me hace sentir?

No quiero sentir al músculo que bombea esta asquerosidad incomprensible,

prefiero decidir Qué no decidir y quiero tomar al tiempo de mi muerte y sacarlo a corazón..

No quiero una metralla de plástico para ir a la guerra, no quiero beber a solas, no quiero compartir mis miedos con los perros, ni comer cáscaras de plátano con los ricos, mendigar en el Teatro Municipal, teñirme rubia, no quiero vomitar flores, ni reír con los cerdos, conseguirme un asiento al lado de orates y animadores de la jungla, sólo quiero apagar el canal y que una vez en mi vida alguien me rescate…

Una vez…

domenica, giugno 01, 2008

Caída libre.


Los sonidos se agolpan, la razón se asoma sobre los muertos. La caída libre de nuestras almas, encierra lo imposible de estar vivos.

Sombras, niños, hombres y muebles gimen su destino enfrente a los espejos.

Nadie espera a nadie, el tiempo nos estremece con sus mentiras. No obstante, siempre espero a otro, en tanto, siempre me espera el mismo.

La verdad no me desea, pero deseo vencerla. Mas mi manera de luchar no se asemeja a la verdadera forma que proviene de mi tierra.

La añoranza de ser libres es un absurdo, no la busco.

Por esto, mis amigos, me someto a la palabra, a la palabra simple del cariño.

Y entonces, todos vendrán y me apretarán la garganta con maldiciones inconcretas y pesadillas cardíacas constantes, cada vez que recuerden que me sometí para entregar algo mío por sostener la palabra simple que siempre recuerdo.

No lo deseo, pero lo hago.

Mi pecho exprime al aire, entra, sale una y otra vez, mi cuerpo se cansa. Estoy agotada de respirar. Tomo una botella. Abro la ventana. Prendo el televisor, lo dejo en “mute”. Enciendo una canción desnuda. Entra el frío al cuarto, entra un cuarto en mi cabeza, mi cabeza deja salir a las ideas, las ideas buscan escaparse de este cuarto.

No más sonidos, no los quiero, quiero respirar por la ventada sin más ventanas.

giovedì, maggio 22, 2008

Compañeros


A esta hora de mi vida, me siento sobre algunos pasajes, hojas manchadas de tiempo, escuálidas tapas, rojas, negras y de platinadas separaciones, sueños entre inviernos albergados en alguna cama romántica y una lejana realidad de siglo nuevo. El café se revuelve en mi boca mientras la mañana fría se abre. Lejos de Santiago, me dispongo a sincerar los secretos en la preferencia de algunos coleccionados, abandonados y/o leídos. Philip Glass resuena en mi computadora con su Mad Rush en su segundo minuto.

Sobre mi escritorio los recuerdos reclaman atención. Un Alcalá Zamora me dice que la tarea de francés aún espera ser resuelta; Ulises I, reprocha mi conducta universitaria, creyendo que con eso animaré al tiempo a hojearlo por segunda vez -creo que está un tanto celoso de mi guitarra-; Fiodor M. Dostoyeski, desde sus obras completas envidria sus ojos - rara vez lo he visto llorar, pero creo que lo hace para que lo acaricie- al final de “pobres gentes”; una Historia Universal, de Secco Ellauri, se mofa de los demás - esta madrugada algún trabajo renacentista ha sido cocinado-; mis compañeros de investigación ansiosos observan.

Hace unos meses cambié de hogar y de mi biblioteca no queda mucho. Me traje algunos libros; Donoso, García Márquez, Reyes de Matta, Sartre, Hegel, Richards, Jonathans Swift, Picasso, Schirmer/Dosel, Platón, C. Ruiz Zafón, por nombrar algunos náufragos de mi tragedia hogareña.

¿Desde dónde?

Algunos llegaron como regalos desde un tiempo maravillado, otros, por obligación han sostenido notas y reducido mi tiempo a lámparas de escritorio o mal dormir; en tanto, algunos más, han sacudido mis penas para recordarme que el sufrimiento es parte de todos y siempre será mucho mejor si es tuyo y no ajeno. Son míos

Son para mí como los zapatos, como las blusas, son como un perfume, como tu cama, pues te significan a pesar de que has leído algunos que no te han gustado, demuestran “tus inclinaciones” y orientan a los desconocidos a entablar diálogo contigo. Te acusan de tus pecados más íntimos desde sus títulos, desde sus ediciones a tu clase, desde sus novelistas a tu calaña, de su finalidad a tus retorcidos deseos, etc.

Eres Silenciosa..

Nunca hablo de lo que leo, pero, por favor, no pensar que es por avergonzarme de tal cosa, es tan sólo que siento un poco de segregación en aquel tema frente a otros. Quizás sea esa especie de pequeña altanería emanada de algunos la que repele mi capacidad de compartir títulos, altanería de las bocas de los que siempre andan con un tema literario para discutir y que siento que no es necesario hacer, sólo a veces. Mi intimidad no es para el resto, sino es para los de papel, para ellos lo que siento cada vez que los leo.

A veces siento que al igual que la música, los libros, mis libros, descubren una parte escondida de mí, esa parte tímida, desprovista de fuerza, silenciosa y tranquila, esa parte aislada, sobrecogida por el mundo, infanta, crédula que sólo comparte con ellos, que sólo se deja fluir en aquella intimidad. Lugar que reúne vacíos, asmas y recupera el aliento al partir sus miedos y entregarlos a historias ajenas para regarlos sobre alguna almohada de alguna otra parte fuera de mi país.

Libros, siempre he sentido por ellos un cariño particular, queriendo siempre que todas mis ediciones sean originales y/o cuidándolos, es algo que me es imposible evitar y sé que proviene de algún recuerdo borrado que atesoro, aunque no sé quién inculcó en mí tal cariño por su vida útil. Objetos de devoción, de encanto, magia, política, filosofía y lírica necesarios en cualquier lugar, son, como dije, el perfume francés que azota la percepción de cualquier que desee notarte.

Tree

Sin embargo, siento un poco de miedo por su futuro. No es porque entre la gente no sean populares o porque los nuevos son siempre los más caros, por temor a que dejen de consumirlos, sino, por la cantidad de gente que existe en este planeta y que irá en aumento siempre y por la disminución de las reservas forestales. La celulosa arma a estos colosos de la cultura y el verbo, y se desarman los mismos por construirnos a nosotros. A estas alturas, no sé cómo equilibrar esto con alguna idea, porque nada hará que alguno pierda su importancia, ni salvará más o menos al otro de la extinción…

Tic Tac

El tiempo ha hecho que por nuestra red virtual, ediciones de libros estén disponibles para todos (o algunos pocos), mas estoy segura que muchos siempre preferirán imprimirlos, tenerlos como objeto de medio kilo o menos sobre algún pupitre o cómoda, provocando que al final obtenerlos sea sencillo pero, de todas maneras, dando la menor importancia a cómo dejarlos con nosotros por más tiempo, una burla para su finalidad.

Son letras, comas, palabras, puntos aparte, seguidos, entre lineados, paréntesis, cursivas, mayúsculas, agudas, graves, puntos y comas, que están ahí sin ser recordados pero reconocidos por nuestra entonación subconsciente que nunca les da las gracias por la buena gramática.

Sentada a un lado de la estufa a gas, una pila de fotocopias de Hauser, Ramírez y Proust esperan, en tanto, una pila de discos y se ríen a carcajadas de las obras que aún no termino, mofándose de aquellos compañeros de soledades, inviernos, resfríos y desamores que empolvados duermen para evitar recordar su descanso forzado. Mas ellos lo tienen todo, ese devenir, el ser vueltos a hojear, ser tocados por primera vez y otra vez primera, ese perfume significativo y único que siempre recordaré y diferenciaré en cada uno y por sobre cada uno, ese recuerdo de su entrega, la memoria de lo que vivimos.

domenica, maggio 11, 2008

Die Leiden des Jungen Werthers

(…) Muchas veces se ha dicho que la vida es un sueño, y no puedo desechar de mí esta idea. Cuando considero los estrechos límites en que están encerradas las facultades activas e investigadoras del hombre; cuando veo que la meta de nuestros esfuerzos estriba en satisfacer nuestras necesidades, las cuales, a su vez, sólo tienden a prolongar una existencia efímera; que toda nuestra tranquilidad sobre ciertos puntos de nuestras investigaciones no es otra cosa que una resignación meditabunda, y que nos entretenemos en bosquejar deslumbradoras perspectivas y figuras abrigadas en los muros que nos aprisionan (…)

Las Penas del joven Werther, p 7,Johann W. Goethe.


Comenzaré por recordar lo que pienso del siglo XVIII. Fue un siglo razonable y revolucionado, conocido por todos como el siglo de las luces, fue, no sólo impulsor de cambios religiosos como el Teísta y Materialista; fue también el padre de la ciencia moderna; corrector forzado de las monarquías preexistentes; afianzador de la clase media; enemigo del pensamiento ordinario; simpatizante de la Revolución Francesa; amigo del liberalismo, de Voltaire y Rousseau; aquel período, además, representó a todo hombre que quisiera ser leído y albergó así a Goethe con su romántico libro Werther.

Sin embargo, a pesar de lo dicho debo reconocer que mis palabras anteriores fueron forzados y declarados por libros antiguos, reediciones de otros y conocimientos que nunca estarán a la par con la realidad de quienes hacen la historia o son contemporaneos. Sus asesinados y los asesinos no claman por nada más que paz, los leo y sólo sangre entre hojas huelo, sangre de escritores "fortunatos", salvados de las pestes, hambre, ajenos al pueblo, mas nunca al miedo, por eso los puedo releer. Pero, a pesar de sensibilizarme con ellos; odiar, llorar y escupir; a veces, sus tergiversaciones me imposibilitana escribir con la pasión de sus descubridores.

Es casi imposible palpar toda su razón, su cambio de paradigma, sus revoluciones sociales, matemáticas y en casi toda su oratoria. Porque todo lo que implicó en esos nueve puntos mencionados de la historia, fueron más que puntos y comas en este escrito. Pedazo de papel que nunca ha deseado tocar lo insulso y que pretende explicar la razón de haber leído a “Las penas de Werther”, aunque canse y paresca pesado el inicio de este escrito.

A comienzos del siglo XXI no tenía diez y siete, miraba de reojo los libros de mi padre, mi cabeza estaba inundada de tristezas, ansiaba la explicación del por qué era en ocasiones tan extremista y solitaria.

Fue una noche, de las tantas que cobijó mi cuarto, la que abrió el corazón de un siglo deprimente en otro tan romántico como suicida. Tenía menos de la mayoría de edad cuando, de alguna manera, necesité del él para sentirme representada. Mi joven Werther.

Los mártires adolescentes siempre han sido imán de más adolescentes sufridos, las novelas de sangre y odio siempre han clamado por ser releídas y estudiadas por los que una vez fueron jóvenes, en tanto, esos jóvenes creen que jamás van a dejar de serlo, perdiendo así la batalla de sentir para abrir paso a su enajenación total. Y heme aquí, recordando que fue en mi casa de San Miguel cuando abrí un libro alemán, de portada roja, empastado, original y que sólo me repetía al desamor, que sólo ahora admito mi dependencia a lo destructivo, dependencia a una adolescencia martir.

Werther era el amante deseado por cualquier adolescente herida, era el amigo perfecto para los cobardes enamoradizos, mi interés por un tiempo breve, analgésico para la discapacitada catarsis y la realidad necesaria de otro en un tiempo que no deseaba suyo.

Él, fue un hombre deseable, existencialista, apasionado, creativo, pintor, loco, profundo, perceptivo y de alma amante, quien podía en cualquier momento dejar todo por su coprotagonista Lotte, mujer que nunca pudo apartar sus intereses del buen futuro de los matrimonios por apellido.

Las penas del joven Werther” fue un breve pasaje al morbo, a un destino fatal que muchos desearían concretar, fragmento amigable para un adolescente llorón, emo, grunge, placebo o, tal vez, para una persona que desee sentir el drama desde otro cuerpo, como una vitrina cercana pero muerta, que revive a los olvidados, como si releyéndolos fuéramos mas que morbosos y nos sintiéramos cercanos a tocar a la literatura del siglo XVIII. Los pasajes lúgubres de la cabeza de aquel enamorado dedicaban los detalles de la locura, un amor imposible que caminaba entre las diferencias sociales de los amantes y que odiaba a un antagonista perfecto, aristócrata, viajero y negociante que en un siglo XVIII o en un XXI cualquier mujer querría de esposo, cualquier mujer que no quiera trabajar nunca más en su vida.

Nos encanta la desgracia

Werther enloqueció, leyó con Lotte algún libro final mientras sabía que no podía hacer más que podrirse mientras la sociedad no se preocupaba de lo que un hombre común y sin fortuna sintiera.

¡Qué importan dos amantes! ¿Qué importa la vida? ¡Cómprate un futuro! Cómprate una casa ¡Olvida al muerto de hambre, al pintor, al escultor! De amor nadie existe, porque de pan se sostiene la marcha.

(…) Te suplico tengas piedad de mí, porque esto es hecho; ya no podré soportar más tiempo mi situación…Su imagen me persigue: que duerma o que vele, ella sola llena toda mi alma. Cuando cierro los párpados, en el cerebro, donde se encuentre la potencia de la vista, distingo claramente sus ojos negros. Es imposible que explique esto. Me duermo, y los veo también: siempre están allí, siempre fascinadores como el abismo… Y cuando bate sus alas en el cielo de los placeres, lo mismo que cuando se sumerge en la desesperación, ¿no se ve siempre detenido y condenado de que es débil y pequeño, él, que esperaba perderse en lo infinito? (…)

Las Penas del joven Werther, p. 64, Johann W. Goethe.

Finalmente, “Die Leiden des Jungen” me recuerda lo frío del invierno, las visiones de un depresivo, el llanto de un esquizofrénico, las diferencias entre los hombres, la necesidad por necesitados y a mi reflejo bajo la literatura amarga que llorosa huye de mi adolescente pasado. Porque no es necesario borrarse bajo una línea de blancas nieves, porque los destinos griegos son buscados en nuestras novelas diarias, tal vez, sea necesario recordar los pasajes de la desgracia ajena y/o ficticia para notar por qué el imán de lo oscuro atrae tanto a la cura anhelada de los apenados mortales. Mas nunca fui morbosa, sólo necesité a Werther para reflejar lo que nunca hice.

lunedì, aprile 28, 2008

Lota Schwager, Impacto noventa y cuatro.

Vagando por algunos recuerdos, mi memoria se detiene en los noventa, el siglo XX remece mis huesos; las montañas de la Octava Región azotan a los niños con el rocío mientras esperan en la parada de autobus; mi madre me viste mientras tomo la leche entre sueños; las panaderías abren; son las 8 de la mañana y la lluvia descubre al invierno en la octava parte del país.

Vagando por algunos recuerdos, sometí a la memoria a recorrer algunos autores que marcaron mi vida, recuerdo a un Sartre, Beecher Store, Goethe, a mi querida Sor Juana Inés de la Cruz y a un García Márquez bastante imaginario, pero obligado de leer. Rememoro así tantos recuerdos, horas de existencialismo, melancolías derramadas sobre la faz de mi cuarto, hasta que el grito de Neruda se agolpa frenético sobre mí olvido. Mujer, qué pasa que nos ha olvidado ¿Acaso no le gusta su país? ¿Acaso se cree gran cosa? El Poema 20 me despierta y zarandea mis hombros como nadie, mi cabeza se ahoga en los recuerdos de una enseñanza básica enamorada y nerudista. En tanto, mis oídos evitan las habladurías de Isabel Allende con su Paula y los espíritus que intenta convencer ronden por mi casa. Sin embargo, me detengo, no quiero buscar a Nicanor, no quiero buscar a la Violeta sólo quiero tocar, nuevamente, al centro de mi ciudad natal gritando: ¡Cómo pude olvidarme de Baldomero Lillo!

1994, la ciudad de Concepción albergaba a los exiliados de la guerra en contra la injusticia, sus calles húmedas atraían a los forasteros a dormir en ellas, eran los noventa y mi Colegio Concepción quería que leyera a los escritores del ayer y del hoy, como si fueran “Merry Melodies”, como si con ello la literatura chilena lograse ocultar la crítica social que lleva consigo.

El libro SubTerra, marcó, de una u otra manera, mi manera de ver, sentir las cosas y de cómo recuerdo ciertos pasajes de mi infancia. Una vez, luego de dar la prueba del libro del nombrado Baldomero, nos pidieron la autorización de nuestros padres para salir a terreno y conocer el conocido Parque de Lota. Ese día, fue un día impresionante, tenía tan sólo nueve años, era invierno y jamás había entrado a jardines tan hermosos y cuidados como los de aquella casa en Lota. Recuerdo, claramente, que era invierno, mis zapatos de colegio apretaban mi paso con su ovejuna y gruesa confección, mis compañeros estaban nerviosos, ruidosos, lustrosos e impecables, yo sólo temblaba porque sabía que iba a entrar a los escenarios del libro SubTerra, escenarios que a ratos me hicieron llorar entre sueños.

Recorrimos el Parque Cousiño y su casona, guardé en mi memoria cada alfombra, retazo, baldosa, armadura, pinturas, cuartos y pasillos, porque miré todo con asombro y felicidad, pues, en ese entonces, por mi mente no pasaban las frases del libro SubTerra, no me parecía excesivo que algunos mineros no supieran leer, que las jornadas de trabajo fueran tan descomunales en comparación con lo que lograban extraer sus mineros, ganancias que no ayudaban en mucho a la mejoría de una realidad que desde principios del siglo XIX existía, la pobreza. Mas era una niña y, para mi, la casona y su parque eran preciosos.

Los recuerdos de un libro que bajo la tierra fue escrito enfurecieron mi cabeza. Hoy puedo recordar a conciencia las salas en donde los trabajadores fueron sentados para aprender a leer y escribir sobre pupitres blancos, fríos y sin cortinas. Imaginé; las entrañas del libro SubTerra gritando por sus quemados, por sus derrumbes, el olvido, huelgas, el hambre, el analfabetismo, los niños sin zapatos y la indolencia de sus patrones. Lástima, que hoy lo veo claro y que durante los noventa nunca pude ver ni sentir la pobreza como tal, nunca pude percatarme de aquel minero de casco encendido, espalda ingente y rostro duro, quien era igual que yo, era un hombre con miedos, casi un niño.

Pensar que era tan niña en los noventa, que sabía que la gente pobre existía pero no entendía por qué ni cómo era, no dimensionaba la miseria, a pesar de todo lo que mi padre me hablaba, lo que oía en las conversaciones de los adultos, mi realidad de infante era inmensa y yo no supe cómo salir de ella. Pasaron los años y entendí que para Lillo, la realidad de la década del veinte era casi la misma que estuvo en los ochenta y que se mantenía en nuestros noventa. Que para los mineros era despertar para trabajar y morir trabajando, porque su trabajo los definía como hombres, los definía, finalmente, como esclavos de lo que no veían.

Cuanta pobreza, cuanta injusticia sobre y bajo la tierra que Lillo me enseñó a leer, fue su “cuestión social” que incorporé en mi adolescencia gracias a otras experiencias y lecturas, pero fueron las visitas a Lota, la bajada a la mina, el SubTerra de Lillo quienes plasmaron calles polvorientas, embarradas, niños sin pan, señoras sin hierbas, boticarios sin remedios, virus y niños sin madres. Si tuviera que regresar el tiempo, lo haría sólo para poder tocar otra vez aquella experiencia, mirar con los ojos de niña a un Chile que no cambia y yo si envejezco. Mirar otra vez, 1994, subir la vista y mirar a los trabajadores, olvidar el miedo de los nueve años, saludar a los mineros, sonreírles sin temor y mirar sus caras color carbón. Pero es imposible y tuve miedo, no lo pude hacer, tal vez, porque luego de leer a Lillo los pasajes de sangre que plasmaba en sus escritos, para una niña, marcaron fuerte su cándida mirada.

Hace algunos años, mi cabeza descubrió sus torsos mineros, sus cinturones de cuero con aleaciones de mental y sus miedos. Tuve la suerte de leer a Baldomero Lillo y recorrer la antigua mina de Lota Schwager de la mano de SubTerra, mirar jardines preciosos y pasear por la Casona de los Cousiño.

Era invierno, tenía nueve años, llovía mucho sobre la octava región. Mi madre esperaba por mí en el paradero. Faltaban cinco meses para cumplir los diez años y aún no sabía qué era la Revolución Francesa. Recuerdo que en el colegio leíamos textos de Baldomero Lillo. Recuerdo que en Concepción llovía mucho en invierno.

martedì, aprile 22, 2008

ascotú inconexo


La fealdad que algunas llaman, otros usan para albergarlos como admirables.
Oportunismos para pobres, gratificación básica para los plastificados.


La oportunidad de compararnos con la masa "maloliente" me recuerda a los besos místicos de aquel amigo sin sentido que un día dijo estar por siempre, hoy, remecido sobre el recuerdo y aturdido en su blasfemia, me mira recordando un pasado amable y no tan gris.


La fealdad del orgullo se olvida de la realidad, el idealismo llama a los seres a verse diferentes, el tiempo quiere que la integridad se tinte de borgoña para que se olvide de la infidelidad que ha violado su miembro masculino.


Y creo que mi gente está maldita, pútrida, mal enseñada, llena de odio, rencor y de una mierda frenética llamada venganza.

No nos queda nada, ni siquiera la verdad existe, la justicia vale poco, los anti-conservadurismos tampoco llenan nuestros consultorios con calidad y sanidad, pero si nos quitan libertad y esperan que nos llenemos de hijos sin tener trabajo.

Sólo quisiera un minuto de silencio, por aquellos que esperan más de lo que una simple negativista escribe, por mi corriente de ideas, por el torbellino de "caca" de algún programa noventero, por la sensibilidad exacerbada, por esa intranquila cabeza, por mi.

Así, mañana, la fealdad que algunas llevan será albergada como tal y no usada en contra de lo que existe como su contrario.

Lo que fuimos

Mientras escucho “Los mares vacíos” de Patricio Manns, la mitad del siglo XX comienza a retornar a Chile y a mi memoria. Comienzo a oír a Quelentaro, Violeta Parra y a un Victor Jara melancólico. Empecé a escuchar los versos de un Neruda y a una Gabriela bailando “en la colina y nada más”. Su emoción me llenó la piel y abrió los campos concentrados de libertad masacrada.

Las épocas están marcadas por tendencias, las tendencias son parte de la historia y nuestra historia, en este caso, me refiero a los conflictivos años setenta y sus posteriores veinte años, los que quisieron albergar y matar a las historias de los artistas y a nuestro pueblo.

Quise mirar a la historia, mirar hacia el Sur, mirar a los Parra y a los Quelentaro. Leer a Nicanor Parra, Violeta y a Lalo. Escuchar las rimas de las coplas de los Guzmán y darme cuenta que todo está perfectamente conectado, unido para zarandear a cualquiera que quiera notarlo.


“…Cuando mi padre me cogió de un brazo

Y volviendo los ojos a la blanca,

Libre y eterna espuma que a lo lejos

Hacia un país sin nombre navegaba,

Como quien reza una oración me dijo

Con voz que tengo en el oído intacta:

"Este es, muchacho, el mar". El mar sereno,

(…)

Eché a correr, sin orden ni concierto,

Como un desesperado hacia la playa

Y en un instante memorable estuve

Frente a ese gran señor de las batallas.

Entonces fue cuando extendí los brazos

Sobre el haz ondulante de las aguas,

Rígido el cuerpo, las pupilas fijas,

En la verdad sin fin de la distancia,

Sin que en mi ser moviérase un cabello,

¡Como la sombra azul de las estatuas!

Cuánto tiempo duró nuestro saludo

No podrían decirlo las palabras…”


Se canta al Mar, Nicanor Parra, Antipoema.


No tan sólo Nicanor gritó que Chile carecía de identidad, también fue su hermana, a quien muchos recuerdan como la mujer más importante de nuestro folklore. Violeta cantó:

“…los valles con sus verdores, donde se multiplican los pobladores, cada familia tiene muchos chiquillos, con su miseria viven en conventillos. Claro que algunos viven acomodados, pero eso con la sangre del degollado, delante del escudo más arrogante, la agricultura tiene su interrogante…”.

Al Centro de la Injusticia, Violeta Parra.

No sólo gritaban los Parra, gritaban en las protestas los obreros, sobre las calles los maestros, en los estadios, cantaban desde Cuba para Chile con un Milanés y un Rodríguez que: pisaré las calles nuevamente de lo que fue Santiago ensangrentada”. Ensordecedoramente, los chilenos morían cada vez que recordaban su realidad, sus exiliados, sus carencias, sus muertos y así fue como desde Canadá cantaban los Quelentaro, en tanto, desde Francia Cantaba Patricio Manns con un vuelvo, “con un pie casi en el país”.

Cómo no ha de tener conexión la literatura con nuestra música, afirmar aquello es como si desconociéramos a nuestra madre, como si no recordáramos cómo falleció Neruda, olvidar a la tierra que remeció desde su centro cuando la espiga de Gabriela dejo de bailar en la colina “sin nada más”. Porque esta época, tuvo la característica de los clásicos existencialistas, de los extremistas románticos, idealistas innatos de un mundo mejor, de un mundo depresivo y fatal, de un mundo lleno de fallas, de un mundo que los llama y los exilia.

Sin embargo, los años de la revolución inspiradora, de la apatía del gobierno, de la violencia general, fue entibiándose cuando la “[1]demos -kratoscayó sobre los noventa. Y cuando digo “entibiando”, no hablo de paz y tranquilidad, sino del estancamiento de nuestras ideas de cambio por nuestro pueblo. Durante los noventa, nuestra sociedad estaba tan dañada que casi invisibles nos llamaban nuestros vecinos, “los chilenos”. Los noventeros tibiamente recordaban a Violeta, en tanto, el presidente Aylwin intentaba reconstruir a la nación, la educación y a la cultura. Mas, fue todo un “parecer”, ya que, la clara involución educativa que Chile fue adquiriendo con el paso de los años le dio la mano a la ignorancia y, de paso, olvidó nuestras raíces.

¿Qué sería de nosotros sin aquel pedazo de cultura que nuestra historia legó?

La cultura cada día es más cara, nuestros artistas no son los de antaño y nuestro paso es lento para progresar. Pareciera que nunca podremos alcanzar a nuestros próceres maestros. Lo que recibimos no es lo mismo que lo que necesitamos. Si bien, vivimos oyendo canales de comunicación variadísimos; radios, Internet, televisión, cable, etc.; la expresión musical y literaria de nuestra gente es menor que en los tiempos de la dictadura ¿Será que el tiempo dañó tan profundo a nuestra sociedad que nuestras mayores aspiraciones no son en pos del cambio sino de no sentir los cambios? Enajenados aprendemos mejor el ocio y, “cuidado” que no hablo del ocio como espacio entregado al pensamiento y/o esparcimiento intelectual del hombre de la cultura romántica, sino que hablo del ocio como el virus que nos consume las ideas a base de necesidades de cuarta importancia, léase, teleseries, bailes exóticos por animadores, humor chabacano, prensa amarilla y, por sobre todo, el arte y la cultura a precios elevados.

En nuestro Chile actual no existe autor que sea de conocimiento total de nuestra población y que nos genere, ya sea, repudio o aplauso. En estos días, sólo tenemos a algunos investigadores, entrevistadores estrella y alguno que otro columnista interesante, que aporta contenido y/o identidad a la vida de los chilenos del siglo XXI. No obstante, aquellos no son oídos en las conversaciones de nuestra gente, no son tarareados por nuestra música popular. Es porque, si bien mi reflexión es que la literatura y la música siempre han de estar relacionados porque son factores que hacen al fenómeno “tendencia”. Hoy los chilenos no quieren ser chilenos, no existe relación tan fuerte como la de antaño. Por esto creo que sólo quedan los recuerdos de una época, remembranzas de lo que fuimos, nos hicieron y pudimos llegar a ser. Es lamentable, que nadie quiera avanzar, que han pasado ya dieciocho años desde la llegada a la democracia y no podemos construir nada para volver a ser. Situación que, afirmo, mirándome y escuchando mis ideas y temores. Porque lo que nos significa hoy es sólo nuestro pasado, porque siento que nuestro aire está infestado de miedo, lo que fuimos brilla majestosamente frente a mis ojos sin que yo pueda brillar con ella.





[1] Demos: Pueblo. Kratos: Poder